El diseño siempre fue político
El diseño siempre fue político. Lo que cambió es que ahora las decisiones que tomamos o dejamos de tomar tienen consecuencias que se miden en teravatios-hora, en toneladas de CO₂, en litros de agua.

El diseño siempre fue político
Hay una pregunta que no me deja quieto: ¿cuánta energía está consumiendo el código que nadie usa?
Lo pregunto porque es un escenario que se repite en la industria: una empresa construye un ecosistema completo — plataforma principal, herramientas internas, productos satélite para cada área del negocio. Los desarrolla punta a punta. Y cuando el modelo de negocio no escala, los apaga casi todos. Se queda con uno o dos.
Todo ese código existió en servidores. Esos servidores consumieron energía. Y esa energía no es abstracta.
Los centros de datos consumieron 448 teravatios-hora de electricidad en 2025. Si fueran un país, ocuparían el puesto número 11 entre los mayores consumidores de energía del planeta. Y eso va a crecer: para 2030 podrían consumir 945 teravatios-hora al año, casi el 3% de la electricidad mundial — aproximadamente el doble del consumo anual de Francia. Infobae + 2
Nadie habla de eso cuando se toma la decisión de construir.
Desde el origen
Antes de hablar de código y energía, necesito ir más atrás. Porque esto no es nuevo.
Los primeros vestigios de diseño que existen en el mundo son los pictogramas con los que las primeras culturas se comunicaban. No eran decoración. Eran un acto deliberado de transmitir ideas dentro de una sociedad. Desde el origen, diseñar fue una acción política.
Antes de Gutenberg, los libros se copiaban por monjes y la iglesia controlaba qué se podía leer y qué quedaba relegado al olvido. Gutenberg cambió eso. Su imprenta democratizó el acceso al conocimiento, acelerando la difusión de ideas que impulsaron el Renacimiento y la Reforma Protestante. Eso es una postura política. Universitat de ValènciaDon Folio
La Bauhaus fue fundada en Weimar en 1919, auspiciada por la nueva Constitución alemana y la promesa de una nueva democracia. No nació como escuela de estética — nació como respuesta política a un momento histórico. Su apuesta era garantizar que todas las personas, independientemente de su condición económica, tuvieran acceso a objetos, espacios y entornos que dignificaran su vida. La estética de la Bauhaus pasó de moda. La pregunta sobre la dignidad no. NODOS 2021El Universal
El constructivismo, surgido tras la Revolución Rusa de 1917, utilizó el arte como propaganda política y educativa, con el propósito de liberar el arte de la aristocracia y acercarlo al movimiento proletario. Y en el extremo opuesto, la Alemania Nazi usó el diseño gráfico para cohesionar a una población alrededor de una sola ideología. Dos movimientos opuestos en valores, idénticos en mecanismo: el diseño como herramienta de poder.
Cuando llegó la tecnología y las máquinas eran imposibles de usar, alguien decidió que eso tenía que cambiar. La interacción humano-máquina nació de una postura política: las personas merecen poder usar las herramientas que construimos. Apple lo llevó más lejos: sus productos no son para técnicos, son para cualquier persona. La accesibilidad digital, con los estándares WCAG, existe por la misma razón. No es un checkbox legal. Es una decisión sobre quién puede y quién no puede usar lo que construimos.
Y ahora el código
Hoy, con inteligencia artificial, cualquiera puede generar código. Rápido, barato, en volumen.
Eso suena bien. Pero hay una pregunta que nadie está haciendo en voz alta: ¿a dónde va todo ese código?
Las emisiones de CO₂ asociadas al uso de sistemas de IA en 2025 podrían alcanzar 80 millones de toneladas — equivalente a las emisiones anuales de toda la ciudad de Nueva York. Y el agua tampoco es menor: el uso de agua asociado exclusivamente a la inteligencia artificial podría alcanzar los 765.000 millones de litros en 2025, superando la demanda mundial de agua embotellada.
Una búsqueda en internet asistida por IA puede consumir hasta diez veces más energía que una búsqueda tradicional. Ahora multiplica eso por todos los productos que se construyen sin validar primero si el problema vale la pena resolver.
La postura política del diseñador hoy
Siempre hemos tomado decisiones políticas sin llamarlas así. Cada vez que decidimos qué problema vale la pena resolver, estamos tomando una postura. Cada vez que decidimos para quién diseñamos y para quién no, también. Cada vez que priorizamos velocidad sobre validación, también.
El diseño, cuando es base fundacional de un modelo de negocio y no decoración al final del proceso, reduce la probabilidad de fracasar a esa escala. No elimina el fracaso — el diseño busca fracasar rápido y barato. Pero fracasar rápido y barato significa no construir ecosistemas enteros antes de descubrir que el modelo no escala. Significa no gastar la energía equivalente a millones de hogares en código que nadie va a usar.
El diseño siempre fue político. Lo que cambió es que ahora las decisiones que tomamos o dejamos de tomar tienen consecuencias que se miden en teravatios-hora, en toneladas de CO₂, en litros de agua.
Eso me parece que vale la pena nombrarlo.
