Las primeras fronteras para los diseñadores
Seis años diseñando productos digitales me enseñaron a teorizar muy bien. Lo que aprendí este año fue a hacer que las cosas funcionen. Este artículo no es sobre el fin del proceso de diseño, es sobre lo que pasa cuando ese proceso tiene más profundidad.

Las primeras fronteras para los diseñadores
Hay algo que cambió en mi forma de trabajar este año y que todavía estoy procesando.
Por primera vez en seis años diseñando productos digitales, dejé de teorizar cómo debía funcionar algo y empecé a hacer que funcionara. Literalmente. Creé tarjetas, botones y flujos de experiencia directamente en los repositorios de la empresa para que fueran implementados en los siguientes lanzamientos.

No lo hice porque el diseño tradicional haya muerto. Lo hice porque de repente tuve herramientas que me permitieron llevar mi proceso a un nivel de profundidad que antes no podía alcanzar solo.
Y ahí está la diferencia con lo que se está diciendo por ahí.
La narrativa dominante dice que el proceso de diseño murió, que el rol cambió, que todo es diferente. Yo estoy llegando a una conclusión distinta desde mi experiencia: el proceso es el mismo, el rol es el mismo. Lo que cambió es hasta dónde puedes llegar con ellos.
Antes, una gran parte de mi valor como diseñador dependía de convencer a otros de que mi definición era correcta. Ahora puedo demostrarlo funcionando. Eso no reemplaza el proceso de diseño, lo hace más rico. Le agrega variables que antes quedaban fuera porque no había forma de articularlas dentro del flujo de trabajo.
Todavía estoy en esa transición. Hace poco tuve que volver a un proceso más convencional, no para ralentizar, sino para tener más precisión antes de lanzar al código. Y eso también me enseñó algo: las herramientas nuevas no sustituyen la definición, la potencian cuando la definición es buena.
Eso es lo que estoy aprendiendo. Y lo voy a seguir documentando.
